DISCURSO PRONUNCIADO POR BOLÍVAR ANTE EL CONGRESO DE ANGOSTURA

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DISCURSO PRONUNCIADO POR BOLÍVAR
ANTE EL CONGRESO DE ANGOSTURA, EL 14
DE DICIEMBRE DE 1819, A SU REGRESO
DEL NUEVO REINO DE GRANADA, QUE ACABABA
DE REDIMIR EN LAS ACCIONES DE BONZA,
GÁMEZA, PANTANO DE VARGAS Y BOYACÁ
AL ENTRAR en este augusto recinto, mi primer sentimiento es de gratitud por el honor infinito que se ha servido dispensarme el Congreso, permitiéndome volver a ocupar esta silla que no ha un año
cedí al presidente de representantes del pueblo.
Cuando, inmerecidamente y contra mis más fuertes sentimientos, fui encargado del Poder Ejecutivo al principio de este año, representé al cuerpo soberano que mi profesión, mi carácter y mis
talentos eran incompatibles con las funciones de magistrado; así, desprendido de estos deberes, dejé su cumplimiento al vicepresidente, y sólo tomé sobre mí el encargo de dirigir la guerra.
Marché luego al ejército de Occidente, a cuyo frente se hallaba el general Morillo con fuerzas superiores. Nada habría sido más aventurado que dar una batalla en circunstancias en que la capital
de Caracas debía ser ocupada por las tropas expedicionarias, últimamente venidas de Europa, y en momentos en que esperábamos nuevos auxilios. El general Morillo, al aproximarse el invierno, abandonó las llanuras del Apure, y juzgué que más ventajas produciría a la república la libertad de la Nueva Granada que completar la de Venezuela.
Sería demasiado prolijo detallar al Congreso los esfuerzos que tuvieron que hacer las tropas del ejército libertador para conseguir la empresa que nos propusimos. El invierno en llanuras anegadizas, las cimas heladas de los Andes, la súbita mutación de clima, un triple ejército aguerrido y en posesión de las localidades más militares de la América meridional, y otros muchos obstáculos tuvimos que superar en Paya, Gámeza, Vargas, Boyacá y Popayán para libertar, en menos de tres meses, doce provincias de la Nueva Granada.
Yo recomiendo a la soberanía nacional el mérito de estos grandes servicios por parte de mis esforzados compañeros de armas, que, con una constancia sin ejemplo, padecieron privaciones mortales, y con un valor sin igual en los anales de Venezuela, vencieron y tomaron el ejército del rey.
Pero no es solamente al ejército libertador a quien debemos las ventajas adquiridas. El pueblo de la Nueva Granada se ha mostrado digno de ser libre. Su eficaz cooperación reparó nuestras pérdidas y
aumentó nuestras fuerzas. El delirio que produce una pasión desenfrenada es menos ardiente que el que ha sentido la Nueva Granada al recobrar su libertad.
Ese pueblo generoso ha ofrecido todos sus bienes y todas sus vidas en aras de la patria. Ofrendas tanto más meritorias cuanto que son espontáneas. ¡Sí!, la unánime determinación de morir libres y de no vivir esclavos ha dado a la Nueva Granada un derecho a nuestra admiración y a nuestro respeto. Su anhelo por la reunión de sus provincias a las provincias de Venezuela es también unánime. Los
granadinos están íntimamente penetrados de la inmensa ventaja que resulta, a uno y otro pueblo, de la creación de una nueva república, compuesta de estas dos naciones. La reunión de la Nueva Granada
y Venezuela es el objeto único que me he propuesto desde mis primeras armas: es el voto de los ciudadanos de ambos países y es la garantía de la América del Sur.
¡Legisladores! El tiempo de dar una base fija y eterna a nuestra república ha llegado.
A vuestra sabiduría pertenece decretar este grande acto social y establecer los principios del pacto sobre los cuales va a fundarse esta vasta república.
Proclamadla a la faz del mundo y mis servicios quedarán recompensados.

Fuente: BIBLIOTECA AYACUCHO

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