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CAPITULO QUINTO Dulce Hechizo del Alma Mía

CAPITULO QUINTO
Dulce Hechizo del Alma Mía
El Subteniente Simón Bolívar y Palacios, como huésped de la casa en Madrid del Marqués de Ustáriz, (1)tenía que saber que el Marqués, quien ya había actuado durante cerca de seis años como Ministro del Supremo Consejo de Guerra, estaba a punto de ser designado para otro cargo.
La causa del traslado, que poco importa a los fines de estas consideraciones, bien podía ser la normal rotación de los funcionarios, la necesaria presencia en otro lugar de una persona tan especial como el Marqués de Ustáriz o la enemistad de Godoy, quien al parecer quizás estaba interesado en alejarlo de la Corte. (2)
En esos momentos, tanto Esteban como Pedro Palacios se encontraban fuera de Madrid y en situaciones delicadas. Esteban, por razones que no se han conocido, fue hecho preso e incomunicado y Pedro confinado en Cádiz. (3) Por lo tanto Bolívar se acercaba el momento de resolver, como exigencia de la realidad, la forma de llevar su vida en Madrid.
Una posibilidad para él era volver a Caracas, pues en cierto modo los objetivos de su viaje, al menos parcialmente, se habían logrado.
Sobre su persona pesaban las disposiciones del testamento del Dr. Aristeguieta conforme al cual, para poder gozar del Vínculo o Mayorazgo instituido en ese documento, tenía que estar establecido en Caracas, es decir ser vecino de la ciudad.
Además, fue voluntad del Dr. Aristeguieta, que los hijos del beneficiario del "Vínculo" sólo gozarían del mismo "Vínculo" si el matrimonio de dicho beneficiario había sido celebrado con mujer "noble e igual, sin tener necesidad de dispensa", salvo el libre y nocondicionado consentimiento de sus padres.
Esas consideraciones debían de pesar seriamente en el ánimo del Subteniente. Sucedió entonces algo inesperado. Lo fue el haber conocido "a una señorita de las más bellas circunstancias y recomendables prendas".
Así lo escribe a su tío don Pedro a quien le explica que, por las modalidades ya dichasdel Vínculo o Mayorazgo, "atendiendo al aumento de mis bienes para mi familia" y por haberse "apasionado" de esa señorita Teresa Toro, había "determinado contraer alianza con dicha señorita para evitar la falta que puedo causar si fallezco sin sucesión, pues haciendo tan justa liga, querrá Dios darme algún hijo que sirva de apoyo a mis hermanos y de auxilio a mis tíos". (4)
Maria Teresa Toro era muy joven (no había cumplido 20 años pues nació en octubre de 1781), hija de don Bernardo Rodríguez del Toro y Ascanio y de doña Benita Alaiza y Medrano.
Don Bernardo era hermano menor del tercer Marqués del Toro, don Sebastián Rodríguez del Toro. Doña Benita, hermana del Marqués de Inicio y Conde de Rebolledo.
Las condiciones de calidad de Teresa cubrían por tanto y sobradamente las exigencias del Mayorazgo. (5)
Los dos hermanos Rodríguez del Toro, Don Sebastián el Marqués y don Bernardo, a pesar de estar uno en Caracas y otro en España, mantuvieron estrechas relaciones. Don Bernardo y su esposa recibieron en su hogar español a tres de sus sobrinos, Tomás, Pedro y Fernando, hijos del Marqués del Toro; Pedro vivió en la casa de don Bernardo y allí conoció, no solamente a María Teresa sino a una prima de ella María Pilar, sobrina de doña Benita y con quien contrajo matrimonio. Tomás regresó a Caracas. Fernando Toro, permaneció en Madrid y allí se inició su amistad con Bolívar, quien lo llamó su primer "amigo".(6) Fernando Toro volvió a Venezuela en 1809.
Por sus especiales circunstancias los jóvenes María Teresa y Simón estaban obligados a cumplir ciertas formalidades para poder contraer matrimonio.
El Marqués de Ustáriz fue enseguida informado por Bolívar "como al único tutor que tengo aquí". Don Gerónimo procedió a cumplir las exigencias correspondientes: unas de simple cortesía y otras de necesario compromiso familiar. Por ejemplo debía hacer saber el proyecto a don Bernardo Toro por ser "exigencia del parentesco y de la amistad" y tal lo hizo "en confianza". Otro aviso necesario era a Don Pedro Palacios "por ser el pariente más cercano de mí".
Legalmente Don Pedro era la persona que daría su consentimiento para que el menor
Simón pudiera casarse. Su cercanía afectiva la explica el mismo novio con estas expresiones precisas y gráficas: "nadie tiene el interés y el dominio en mis cosas como usted".

Fuente: SIMÓN BOLÍVAR: ENSAYO DE UNA
INTERPRETACIÓN BIOGRÁFICA A
TRAVÉS DE SUS DOCUMENTOS
Tomás Polanco Alcántara

Lima a 14 de abril de 1825 A S.E. General Simón Bolívar

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Lima a 14 de abril de 1825
A S.E. General Simón Bolívar
Muy señor mío:
Sé que ha partido con usted mi única esperanza de felicidad. ¿Por qué, entonces, le he permitido escurrirse de mis brazos como agua que se esfuma entre los dedos? En mis pensamientos estoy más que convencida de que usted es el amante ideal, y su recuerdo me atormenta durante todo el tiempo.
Encuentro que satisfaciendo mis caprichos se inundan mis sentidos, pero no logro saciarme, en cuanto a que es usted a quien necesito; no hay nada que se compare con el ímpetu de mi amor. Comprar perfumes, vestidos costosos, joyas, no halaga mi vanidad. Tan sólo sus palabras logran hacerlo. Si usted me escribiera con letras diminutas y cartas grandotas, yo estaría más que feliz.
Mis labores no terminan nunca, pues empieza una y no termina y ya tengo otra empezada. Confieso que estoy como embotada y no logro hacer nada. Dígame qué debo hacer, pues no atino ni una, y todo por el vacío de usted aquí.
Si usted me dijera venga, yo iría volando ¡así fuera al fin del mundo!
Su pobre y desesperada amiga,
Manuela
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Fuente: © Ministerio del Poder Popular del Despacho de la Presidencia
Las más hermosas cartas de Amor entre Manuela y Simón
Ediciones de la Presidencia de la República
Caracas - Venezuela, 2010
Depósito Legal: lf000000000000
ISBN: 0000000000000

Quienes, por haberlo conocido,

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Quienes, por haberlo conocido, se refieren a Ustáriz mencionan su desinterés, su amor al Rey y al bien público, sus modales populares y su trato amable y franco, profundos sus conocimientos en ciencias morales y políticas, infatigable su aplicación y estudio en los ramos que estaban bajo su autoridad, su literatura vasta y escogida, su entendimiento claro y sin preocupaciones, sus virtudes públicas y privadas poco comunes.
Para un joven inteligente y despierto, con deseos de aprender, tenía que ser un privilegio el tener a su lado a un personaje dotado de esas condiciones.
No hace falta recurrir a la fantasía y querer imaginarse diálogos entre el joven y el maestro sobre temas que entonces no estaban planteados, como la independencia.
Basta aplicar el sano juicio para advertir que un hombre generoso, culto, bien intencionado, honesto, intachable en su conducta, sabio, enamorado de los "objetos liberales", luchador por la dignidad del pueblo, poseedor de informaciones críticas, históricas y filosóficas, si estaba interesado, como lo estuvo, en formar al joven que se le confiaba, tenía que causar el efecto de deber hablar de él "con veneración", con la veneración que toda persona de bien debe a quien le ha enseñado a aprender(12).
Citas:
1.-Bastaría, para advertirlo, examinar cualquiera de los retratos de ella pintados por Goya. No debe olvidarse que uno de los éxitos de Goya, en sus retratos, fue la técnica de reflejar el alma del personaje en las características físicas de su figura.
2.-Don Francisco Leandro de Viana y Zabala, hermano del Obispo de Caracas Juan Antonio de Viana y tío del Oidor Don Guillermo de Aguirre y Viana, a quien ya mencionamos en el Capitulo Tercero de esta Parte.
3.-Bernal, según nota de la Comisión Editora de los Escritos del Libertador, Tomo 11-1, página 101, era nativo de Río Hacha, oficial del Ejército Español y conocido por los Palacios como pariente político por haber contraído matrimonio con Rafaela Clemente Palacios, hija de Don Manuel Clemente Francia y de doña María de las Mercedes Palacios Sojo, tía de doña Concepción, don Esteban, don Carlos y don Pedro Palacios y Blanco. Bernal, después de breve estada en Caracas, se trasladó a España y ante sus primos aparecía, quizás sin serlo, como personaje de influencia en la Corte.
4.-"...he introducido a Esteban con dos pájaros de cuenta que, aunque no suenan pueden ser de mucho para estas cosas y el pleito de las minas de Aroa". Bernal a doña Concepción, Madrid, 24 de julio de 1792, en LECUNA, Adolescencia..., página 492.
5.-Manuel Mallo (17714838) era natural de Popayán. Debido a que antes de instalarse en España residió en Caracas con sus padres desde 1776 a 1788, tenía que ser conocido por los caraqueños que por alguna razón se encontraban en Madrid. Se le ha supuesto una extraordinaria influencia durante el régimen del Ministro Godoy, tanto con el propio Godoy como hasta con la Reina, de quien se ha pretendido que también fue amante; sin embargo, un estudio objetivo de la situación parecería obligar a concluir que se trataba de una personalidad de inferior orden, gestor de negocios y de algún favor
ocasional de segunda categoría, de poca o ninguna condición moral, egoísta como lo manifiesta la referencia que Bernal hace a él en carta enviada a Carlos Palacios: .... no le he merecido la menor demostración de agradecimiento. ¡Este es el mundo, amigo Carlos!". Bernal a Carlos Palacios, La Coruña, 31 de enero de 1802, en LECUNA,
Adolescencia..., página 565.
6.-"Anoche ha llegado el Marqués de Ustáriz y corren las voces que siempre hemos oído de hacerlo Ministro". Esteban Palacios a destinatario desconocido. Madrid, 25 de septiembre de 1792, en LECUNA, Adolescencia..., página 490.
7.- Era un título de Castilla, concedido especialmente a don Casimiro por Felipe V en 1739.
8.-O'LEARY, Narración..., I-13.
9.-Bolívar a Santander, Arequipa, 20 de mayo de 1825, LECUNA, I-886-1097.
10.-Bolívar a Pedro Palacios, Madrid, 30 de septiembre de 1800, LECUNA, I-2-14.
11.-Documentos relativos a ¡a dispensa de amonestaciones, fechados en Madrid, entre el 17 y el 20 de mayo de 1802, en LECUNA, Adolescencia..., página 577.
12.- Cuando falleció el Marqués, la Gaceta de Caracas, número 78, 5 de enero de 1810, tomo II, publicó una noticia que transcribía la publicada en Sevilla. Don ANTONIO EGEA LOPEZ, expone que esa nota apareció en la Gazeta de Gobierno, Sevilla, No. 240 del 2 de noviembre de 1809 y su autor debió de ser Don Isidoro de Antillón y Marzo, director de tal Gazeta, compañero de Ustáriz en sus gestiones en el gobierno de Teruel e historiador de la reacción contra Francia en una obra en la cual hace muchas alabanzas de Ustáriz. Solamente podía haber escrito esa nota un hombre como Antillón que conocía al Marqués tan a fondo. La referencia aparecida en la Gaceta de Caracas pudo
ser debida a Bolívar, ya en Venezuela, o a Francisco Javier Ustáriz, sobrino del Marqués. ANTONIO EGEA LOPEZ, El Marqués de Ustáriz, ejemplo para la formación de Simón Bolívar, en Bolívar y Europa en Las Crónicas, El Pensamiento Político y la Historiografía, Investigación dirigida por Alberto Filippi, Ediciones de la Presidencia de la República y del Comité Ejecutivo del Bicentenario de la Independencia, Caracas, 1986, tomo I, Sección Española (III), páginas 194 a 206. Los estudios que correspondan a esa Investigación serán citados con el título de la colección y la indicación del tomo, Sección, Número y página.


Fuente: SIMÓN BOLÍVAR: ENSAYO DE UNA
INTERPRETACIÓN BIOGRÁFICA A
TRAVÉS DE SUS DOCUMENTOS
Tomás Polanco Alcántara
Obra suministrada por Universidad de los Andes, Mérida, Venezuela

SIMÓN BOLÍVAR: ENSAYO DE UNA INTERPRETACIÓN BIOGRÁFICA A TRAVÉS DE SUS DOCUMENTOS - Los informes redactados

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Los informes redactados en ese tiempo sobre sus gestiones parecen inconexos, incompletos y contradictorios y en forma tan deficiente que se puede explicar fácilmente su fracaso e inconveniencia.
Quizás pensó con ingenuidad que el auxilio de su pariente político don Francisco José Bernal(3) le sería útil. Este, con igual ingenuidad o mala fe, se limitó a ponerlo en comunicación, como él mismo lo confiesa, "con dos pájaros de cuenta"(4).
La muerte casi simultánea de doña Concepción y de don Feliciano, unida a la necesaria partición de bienes entre los hermanos Bolívar y Palacios y el casi evidente desinterés de Juan Vicente hijo por el título nobiliario, complicaron aún más la situación de don Esteban pues se le redujo y casi quedó eliminado el suministro de fondos que para esa clase de trámites resultan indispensables. La llegada de don Pedro a Madrid no hizo sino hacer más difícil la situación. Ninguno de los dos tenía fortuna personal suficiente para vivir con independencia y tranquilidad.
En esas condiciones los Palacios sólo lograron relativo éxito en la obtención de grados militares de ínfima categoría, realizando gestiones que, sin mayores problemas ni costos, podían haber sido hechas desde Caracas.
Se comprende, por lo tanto, que la presencia del sobrino Simón para recibir educación en España perturbase aún más la vida de don Esteban pues, no solamente le quitaba tiempo sino que alteraba sus planes, por ejemplo, verse obligado, como ya hemos dicho, a buscar casa propia y no seguir viviendo en la de don Manuel Mallo(5), persona sin categoría y supuestamente influyente en la Corte debido a alguna relación que lo unía con don Manuel Godoy. Mallo ha sido presentado, con exceso de imaginación, como el mejor "punto de apoyo" de los Palacios en la Corte.
Don Esteban se percató enseguida de que la tarea de educar a Simón era superior a sus fuerzas. Afortunadamente para el sobrino tales hechos coincidieron con la estada en Madrid de don Gerónimo de Ustáriz y Tovar, segundo Marqués de Ustáriz.
Don Esteban Palacios conocía la llegada del Marqués a Madrid y que se rumoraba el nombramiento de Ustáriz como Ministro (6). Efectivamente el Marqués lo fue del Supremo Consejo de Guerra desde junio de 1795 hasta agosto de 1801. Don Esteban, cuando se dio cuenta de que le era imposible educar a su sobrino, inteligentemente pensó que la persona ideal para tales funciones era el Marqués. El quedaría liberado de carga semejante y el joven pasaba a excelentes manos.
Ahora bien, ¿quién era el Marqués de Ustáriz y por qué era acertado escogerlo? Don Gerónimo de Ustáriz y Tovar nació en Caracas en 1735, hijo de Luis Gerónimo de Ustáriz y de doña Melchora de Tovar y Mijares de Solórzano. Estudió Filosofía, Cánones y Leyes en la Universidad de Caracas y en ella obtuvo, en 1756, el grado de Bachiller y luego el de Licenciado. Después de un breve paso por el Batallón de Tropa Veterana de la Provincia de Venezuela se trasladó, en 1759, a España pues, por el fallecimiento sin descendencia de su tío, don Casimiro de Ustáriz, primer Marqués de Ustáriz (7),
correspondía al sobrino el título y el mayorazgo.
La carrera de don Gerónimo, convertido en el segundo Marqués de Ustáriz, fue brillante: Intendente de Toro de 1765 a 1770; luego Intendente en Extremadura por veinte y tres años; Asistente del Rey en Sevilla de 1793 a 1795 para funciones de Justicia, Hacienda, Guerra y Policía; Ministro' del Consejo de Guerra en Madrid de 1795 a 1801 y Ministro en Comisión en Teruel, de 1801 a 1809. Termina su vida como Asistente Real en Sevilla, donde muere en 1809.
Ustáriz, al ser funcionario, se ocupó de asuntos de interés colectivo como la construcción de vías públicas, manejo de la hacienda real, fomento de cultivos agrarios, desarrollo de tierras sin labranza ni trato, empadronamiento de población, construcción de obras de interés general, formación de milicias contra los invasores franceses, administración general de sus cargos, etc.
Sus ideas, expuestas en informes y publicaciones, giran en torno a cuestiones tan importantes como la reforma agraria, el aprovechamiento de tierras, las expropiaciones de zonas incultas, fomento de la iniciativa privada, beneficio de la colectividad y no de grupos de ella y el manejo pulcro de los bienes públicos.
Opinaba que el buen juez y el buen funcionario no solamente deben tener conocimientos teóricos sino prácticos que, además de con el estudio, se adquieren sirviendo al pueblo y al Gobierno...
En su criterio, no se llega a poseer la ciencia de la política si el estudio que se hiciere de Códigos y Ordenanzas no está unido al conocimiento de la Historia y de la geografía de las naciones antiguas y modernas.
Se habló de su "constante ilustración, recomendable política, inimitable integridad, amor acendrado a su pueblo y demás virtudes plausibles que le son inseparables".
A la casa de este hombre en Madrid, fue a donde llegó, en 1800, Simón Bolívar. Ustáriz era entonces, como acabamos de mencionar, Ministro del Supremo Consejo de la Guerra. Tenía sesenta y cinco años y en su matrimonio no procreó hijos.
O'Leary escribe, en referencia al Marqués de Ustáriz, que Bolívar, hasta "los últimos días se complacía en recordarle y hablar de él con veneración" (8). ¿Por qué esa veneración?
En una carta a Francisco de Paula Santander, fechada en Arequipa, el 20 de mayo de 1825, el mismo Bolívar comentaba que su educación en Madrid, en matemáticas y en idiomas, fue toda "bajo la dirección del sabio Marqués de Ustáriz"(9).
Y cuando preparaba su matrimonio menciona a su tío don Pedro Palacios que, en Madrid, Ustáriz era "el único tutor que tengo aquí"(10). Por su parte el Cura Ecónomo de la Iglesia Parroquial de San Sebastián de Madrid dio fe, con ocasión del matrimonio que luego celebraría, que don Simón de Bolívar "fue su parroquiano en los años de mil ochocientos y ochocientos uno" y vivió "en la casa número 6 calle del Príncipe y de Atocha, del señor Marqués de Ustáriz"(11)
Según todas esas noticias el joven Bolívar habitaba en la casa del Marqués. Eso significaba no solamente el contacto permanente con las actividades sociales del Marqués, sino el beneficio de su compañía, de su biblioteca, de sus conversaciones, enseñanza, criterios de vida y de experiencia.
Por primera vez y en una época crucial de su vida disfrutaba de la presencia a su lado de una verdadera figura paternal, que le manifestaba afecto, no tenía intereses opuestos a los suyos y de quien recibía atención y cuidados.
La conducta del Marqués debe haber causado mucho efecto en ese joven estudiante.
Basta comparar el estilo, el modo de expresarse y las ideas que manifiesta su primera carta, que ya hemos comentado, con la manera de hacerlo después de haber estado bajo la dirección del Marqués. Se nota que entonces ya sabe qué quiere decir y lo dice con propiedad, se expresa claramente y hasta usa giros de cierta ironía y elegancia.
Escribe, con igual corrección, en español y en francés. Maneja cifras de negocios.
Entiende asuntos comerciales y hasta de orden jurídico. Era otra persona, resultado espiritual de la influencia del Marqués.

Fuente: SIMÓN BOLÍVAR: ENSAYO DE UNA
INTERPRETACIÓN BIOGRÁFICA A
TRAVÉS DE SUS DOCUMENTOS
Tomás Polanco Alcántara

Cuartel General de Huancavilca Diciembre 20 de 1824 Señora doña Manuela Sáenz

Cuartel General de Huancavilca Diciembre 20 de 1824
Señora doña Manuela Sáenz
Apreciada Manuelita:
Al recibir la carta del 10, de letra de Sucre, no tuve más que sorprenderme por tu audacia, en que mi orden, de que te conservaras al margen de cualquier encuentro peligroso con el enemigo, no fuera cumplida; a más de que tu desoída conducta, halaga y ennoblece la gloria del ejército colombiano, para el bien de la patria y como ejemplo soberbio de la belleza, imponiéndose majestuosa sobre los Andes. Mi estrategia me dio la consabida razón de que tú serías útil allí; mientras que yo recojo orgulloso para mi corazón, el estandarte de tu arrojo, para nombrarte como se me pide: Coronel del ejército colombiano.
Tuyo,

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Adición: ¡Viva la patria, Viva Sucre, Viva Manuela, Viva Ayacucho! ¡Qué es la apoteósis de la República!

Fuente: La presente edición ha sido tomada de:
Biblioteca Popular para los Consejos Comunales.
Serie las Artes y los Oficios.
Fundación Editorial el perro y la rana, 2007
© Ministerio del Poder Popular del Despacho de la Presidencia
Las más hermosas cartas de Amor entre Manuela y Simón
Ediciones de la Presidencia de la República
Caracas - Venezuela, 2010
Depósito Legal: lf000000000000
ISBN: 0000000000000

Chancayo, a 9 de noviembre de 1824 Mi adorada Manuelita:

Las más Hermosas cartas de Amor entre
Manuela y Simón
acompañadas de los
Diarios de Quito y Paita,
así como de otros documentos

Chancayo, a 9 de noviembre de 1824
Mi adorada Manuelita:
Estoy muy agradecido por tu oportuna correspondencia, que al detalle me informa de los odios de esas gentes perniciosas, la mayoría campesinos que sin más motivo que el de su rebeldía, hostigan a las tropas. También los del comportamiento de los generales Uno y Heres.
Sucre ya tiene las órdenes pertinentes a la marcha; tú por vías de paciencia queda a la espera de mi retorno, que será muy pronto, pues ansío tus amables caricias y contemplarte con mi pasión, que lo es loca por ti. Tu único hombre,

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Fuente: La presente edición ha sido tomada de:
Biblioteca Popular para los Consejos Comunales.
Serie las Artes y los Oficios.
Fundación Editorial el perro y la rana, 2007
© Ministerio del Poder Popular del Despacho de la Presidencia
Las más hermosas cartas de Amor entre Manuela y Simón
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Caracas - Venezuela, 2010
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CAPITULO CUARTO - La Presencia del Marqués

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SIMÓN BOLÍVAR: ENSAYO DE UNA
INTERPRETACIÓN BIOGRÁFICA A
TRAVÉS DE SUS DOCUMENTOS
Tomás Polanco Alcántara
CAPITULO CUARTO
La Presencia del Marqués
Resulta de interés y utilidad estar en cuenta de todo cuanto se refiere, al menos en sus líneas generales, al tiempo que corresponde a la llegada de Bolívar a España.
A la muerte del Rey Carlos III, ocurrida en 1788, su hijo, el Príncipe de Asturias, casado con la princesa María Luisa de Parma, le sucedió como Carlos IV de España.
El nuevo Rey era abúlico, poco lúcido, sin mayor cultura y con escaso interés en los asuntos públicos. La Reina, mujer educada y culta, carecía de gracia y hermosura y mostraba una personalidad ambiciosa y con fuertes deseos de mando. El Rey Carlos IV, desde el comienzo de su reinado, le permitió participar e influir en asuntos públicos, incluso que estuviera presente y tomase parte en las reuniones de Ministros. La voz de María Luisa fue desde entonces determinante en el gobierno español.
Carlos IV inició su reinado manteniendo en la Secretaría de Estado al Conde de Floridablanca (1728-1808), último Ministro de su padre Carlos III. A los dos años, en 1792, Floridablanca fue destituido, enjuiciado y confinado a Pamplona, bien lejos de toda influencia política. Lo sustituyó el Conde de Aranda, don Pedro Pablo Abarca de Bolea (1719-1798), quizás el único político importante del momento que se había dado cuenta de la seria crisis que se avecinaba para el Imperio y que, todavía reinando Carlos III, trató de evitarla, en 1783, con un proyecto de transformación general de los dominios españoles, que, desde luego, fue rechazado y hasta considerado por ciertos
historiadores como apócrifo.
Aranda, en 1794, sufrió el mismo destino de Floridablanca: destitución violenta, destierro
y alejamiento político.
En esos momentos la Reina María Luisa obtuvo del Rey el nombramiento, como Ministro, de Don Manuel Godoy, Duque de Alcudia (1767-1851).
Godoy es uno de los personajes más odiados en toda la historia de España. Noble de provincia, hombre fuerte y talentoso, había ascendido rápidamente antes de ser Ministro hasta llegar, en 1792, al Ducado, ser Grande de España y recibir el Toisón de Oro y la Orden de Carlos III. Ese acelerado movimiento hacia arriba en la carrera pública fue atribuido, en su tiempo, a unos supuestos o reales amores ilícitos suyos con la Reina María Luisa.
Esa especie, desde que tomó cuerpo en la vida pública española de su tiempo, se convirtió en una manera cuasi definitiva de interpretar la vida de Godoy. Sirvió además para denigrar de la Reina, desacreditar al Rey y hasta explicar en parte la catástrofe española.
La apariencia física de la Reina, especialmente desagradable(1), su violento carácter y modales autoritarios, no permiten atribuirle fácilmente tantas dotes y facilidades amorosas como pretendieron sus enemigos. Fue necesario el transcurso de muchos años para que algunos investigadores se atreviesen a poner en duda tal forma de ver la historia. Mientras tanto el argumento sirvió para el triple propósito mencionado.
Godoy estaba casado oficialmente con María Teresa de Borbón y Vallabriga, Condesa de Chinchón, prima del Rey como hija que era del Infante Luis Antonio de Borbón y nieta de Felipe V. Godoy tenía una amante pública, doña Josefa (Pepita). Tudó, hecha después Condesa de Castillo fiel y quien, con cierta notoriedad, aparecía a su lado.
No resulta extraño que, además de su esposa y de su propia amante, Godoy hubiese sido también amante de la Reina; sin embargo, lo cierto parece haber sido que, al igual de lo pasado en otros casos similares, Godoy para María Luisa fue sólo un instrumento poderoso de su pasión de mandar. La fidelidad de Godoy servía de medio eficaz para los deseos de mando de María Luisa, mientras el apoyo de la Reina reforzaba la autoridad absoluta que agradaba ejercer a Godoy. Si acaso hubo entre ellos, adicionalmente, alguna relación amorosa, parecería que fue de carácter secundario o de
simple conveniencia.
Cuando Godoy llegó al Poder, encontró en su apogeo la marcha evolutiva de la Revolución Francesa que, por atacar al Rey Borbón Luis XVI, primo de Carlos IV, tanto afectaba a la Monarquía Española. España, o mejor la Corona, se sintió obligada a combatir a Francia, primero para salvar al Rey en peligro y luego para luchar contra la idea revolucionaria. Se inició así una guerra difícil y costosa contra Francia.
La guerra terminó con los Tratados de Basilea (1795) y San Ildefonso (agosto de 1796), que colocaron a España en posición de hermandad con Francia, controlada ya por el Directorio, y en contradicción con Inglaterra, situación que trajo consigo la acción ya mencionada de la flota inglesa contra los intereses españoles.
Godoy consiguió oponerse parcialmente a los planes de Napoleón respecto a la península ibérica; hubo entonces tal presión francesa sobre Carlos IV que, en 1798, a pesar de todo el apoyo de María Luisa, Godoy fue separado del cargo formal de Ministro de Estado. Carlos IV designó para esa posición, primero a Francisco de Saavedra (el ilustre y primer Intendente en Venezuela) y después, en 1799, al Marqués de Urquijo.
Godoy, al terminar sus funciones y a diferencia de lo sucedido con Floridablanca y con Aranda, no fue confinado ni perseguido sino que continuó manteniendo influencia en la dirección del gobierno, que formalmente fue confiado a su cuñado don Pedro Cevallos Guerra (1764-1840).
Volviendo a la familia de Bolívar, debe mencionarse que su tío don Esteban, tal como hemos comentado, se encontraba en tierra española desde 1792, enviado por doña Concepción para ocuparse de los trámites necesarios a la concesión del Marquesado de San Luis a Juan Vicente Bolívar y Palacios. El tío don Pedro Palacios y Blanco se presentó en España casi simultáneamente con su sobrino Simón.
Probablemente fue un error de doña Concepción confiar a su hermano don Esteban la misión en España que mencionamos, pues él no era experto en los trámites respectivos y tampoco conocía el medio. Además y para su desgracia, actuó sin habilidad.
La conducta en Madrid de los hermanos Palacios Blanco (firmaban Palacios y Sojo) no fue especialmente acertada en ningún aspecto. Su presencia era inútil porque el Rey dispuso que el procedimiento relativo al Marquesado continuara en Caracas ante el Capitán General. Además y seguramente por las causas aludidas (inexperiencia en la materia y desconocimiento del medio), don Esteban buscó el asesoramiento de personajes de bajo nivel, cuya impericia e ignorancia lo llevaron a cometer otras equivocaciones. Salvo el ya mencionado Conde de Tepa(2), fueron muy pocas las
personas de verdadera importancia a quienes quiso consultar.

Fuente: SIMÓN BOLÍVAR: ENSAYO DE UNA
INTERPRETACIÓN BIOGRÁFICA A
TRAVÉS DE SUS DOCUMENTOS
Tomás Polanco Alcántara

CARTA DE JAMAICA SIMÓN BOLÍVAR - De todo lo expuesto,

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CARTA DE JAMAICA
SIMÓN BOLÍVAR
De todo lo expuesto, podemos deducir estas consecuencias: lasprovincias americanas se hallan lidiando por emanciparse; al fin obtendrán el suceso; algunas se constituirán de un modo regular en repúblicas federales y centrales; se fundarán monarquías casi inevitablemente en las grandes secciones, y algunas serán tan infelices que devorarán sus elementos, ya en la actual, ya en las futuras revoluciones; que una gran monarquía no será facil consolidar; una gran república imposible.
Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una
religión, debería por consiguiente tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse; mas no es posible porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes, dividen a la América. ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios, a tratar de discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra con las naciones de las otras tres partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración; otra esperanza es infundada; semejante a la del abate St. Pierre que concibió al laudable delirio de reunir un congreso europeo para decidir de la suerte de los intereses de aquellas naciones.
«Mutaciones importantes y felices, continúa, pueden ser frecuentemente producidas por efectos individuales. Los americanos meridionales tienen una tradición que dice que cuando Quetralcohuatl, el Hermes o Buhda de la América del Sur, resignó su administración y los abandonó, les prometió que volvería después que los siglos designados hubiesen pasado, y que él reestrablecería su gobierno y renovaría su felicidad. Esta tradición, ¿no opera y excita una convicción de que muy pronto debe volver? ¿concibe V. cuál será el efecto que producirá, si un individuo apareciendo entre ellos demostrase los caracteres de Quetralcohuatl, el Buhda del bosque, o Mercurio, del cual han hablado
tanto las otras naciones? ¿no cree V. que esto inclinaría todas las partes? ¿no es la unión todo lo que se necesita para ponerlos en estado de expulsar a los españoles, sus tropas, y los partidarios de la corrompida
España, para hacerlos capaces de establecer un imperio poderoso, con un gobierno libre, y leyes benévolas?»
Pienso como V. que causas individuales pueden producir resultados generales, sobre todo en las revoluciones. Pero no es el héroes, gran profeta, o Dios del Anahuac, Quetralcohualt, el que es capaz de operar los prodigiosos beneficios que V. propone. Este personaje es apenas conocido del pueblo mexicano, y no ventajosamente; porque tal es la suerte de los vencidos aunque sean Dioses. Sólo los historiadores y literatos se han ocupado cuidadosamente en investigar su origen,
verdadera o falsa misión, sus profecías y el término de su carrera. Se disputa si fue un apóstol de Cristo o bien pagano. Unos suponen que su nombre quiere decir Santo Tomás; otros que Culebra Emplumajada; y otros dicen que es el famoso profeta de Yucatán, Chilan-Cambal. En una palabra, los más de los autores mexicanos, polémicos e historiadores profanos, han tratado con más o menos extensión la cuestión sobre el verdadero caracter de Quetralcohualt. El hecho es, según dice Acosta, que él estableción una religión, cuyos ritos, dogmas y misterios tenían una admirable afinidad con la de Jesús, y que quizás es la más semejante a ella. No obstante esto, muchos escritores católicos han
procurado alejar la idea de que este profeta fuese verdadero, sin querer reconocer en él a un Santo Tomás como lo afirman otros célebres autores.
La opinión general es que Quetralcohualt es un legislador divino entre los pueblos paganos de Anahuac, del cual era lugar-teniente el gran Motekzoma, derivando de él su autoridad. De aquí se infiere que nuestros mexicanos no seguirían el gentil Quetralcohualt aunque pareciese bajo las formas más idénticas y favorables, pues que profesan una religión la más intolerante y exclusiva de otras.
Felizmente, los directores de la independencia de México se han aprovechado del fanatismo con el mejor acierto, proclamando a la famosa virgen de Guadalupe por reina de los patriotas, invocándola en todos los casos arduos y llevándola en sus banderas. Con esto, el entusiasmo político ha formado una mezcla con la religión que ha producido un fervor vehemente por la sagrada causa de la libertad. La veneración de esta imagen en México es superior a la más exaltada que puediera inspirar el más diestro profeta.Seguramente la unión es la que nos falta para completar la obra de nuestra regeneración. Sin embargo, nuestra división no es extraña, porque tal es el distintivo de las guerras
civiles formadas generalmente entre dos partidos: conservadores y reformadores. Los primeros son, por lo común, más numerosos, porque el imperio de la costumbre produce el efecto de la obediencia a las potestades establecidas; los últimos son siempre menos numerosos aunque más vehementes e ilustrados. De esto modo la masa física se equilibra con la fuerza moral, y la contienda se prolonga, siendo sus resultados muy inciertos. Por fortuna, entre nosotros la masa ha seguido a la inteligencia.
Yo diré a V. lo que puede ponernos en aptitud de expulsar a los españoles, y de fundar en gobierno libre. Es la unión, ciertamente; mas esta unión no nos vendrá por prodigios divinos, sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos. La América está encontrada entre sí, porque se halla abandonada de todas las naciones, aislada en medio del universo, sin relaciones diplomáticas ni auxilios militares y combatida por la España que posee más elementos para la guerra, que cuantos nosotros furtivamente podemos adquirir.
Cuando los sucesos no están asegurados, cuando el Estado es débil, y cuando las empresas son remotas, todos los hombres vacilan; las opiniones dividen, las pasiones las agitan, y los enemigos las animan para triunfar por este fácil medio. Luego que seamos fuertes, bajo los auspicios de una nación liberal que nos preste su protección, se nos verá de acuerdo cultivar las virtudes y los talentos que conducen a la : entonces seguiremos la marcha majestuosa hacia las grandes prosperidades a que está destinada la América Meridional; entonces las ciencias y las artes que nacieron en el Oriente y han ilustrado la Europa, volarán a Colombia libre que las convidará con un asilo.
Tales son, señor, las observaciones y pensamientos que tengo el honor de someter a V. para que los rectifique o deseche según se mérito; suplicándole se persuada que me he atrevido a exponerlos, más
por no ser descortés, que porque me crea capaz de ilustrar a V. en la materia.
Soy de V. &.&.&.
SIMÓN BOLÍVAR

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CARTA DE JAMAICA SIMON BOLIVAR - Los Estados del Istmo de Panamá

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CARTA DE JAMAICA
SIMÓN BOLÍVAR
Los Estados del Istmo de Panamá hasta Guatemala formarán quizás una asociación. Esta magnífica posición entre los dos grandes mares podrá ser con el tiempo el emporio del universo. Sus canales
acortarán las distancias del mundo; estrecharán los lazos comerciales de Europa, América y Asia; traerán a tan feliz región los tributos de las cuatro partes del globo. ¡Acaso sólo allí podrá fijarse algún día la capital de la tierra, como pretendió Constantino que fuese Bizancio la del antiguo hemisferio!
La Nueva Granada se unirá con Venezuela, si llegan a convenirse en formar una república central, cuya capital sea Maracaibo o una nueva ciudad que, con el nombre de Las Casas (en honor de este héroe de la filantropía), se funde entre los confines de ambos países, en el soberbio puerto de Bahía-honda. Esta posición, aunque desconocida, es más ventajosa por todos respectos. Su acceso es fácil, y su situación tan fuerte, que puede hacerse inexpugnable. Posee un clima puro y saludable, un territorio tan propio para la agricultura como para la cría de ganados, y una grande abundancia de maderas de construcción. Los salvajes que la habitan serían civilizados, y nuestras poseciones se
aumentarían en la adquisición de la Goajira. Esta nación se llamaría Colombia como un tributo de justicia y gratitud al criador de nuestro hemisferio. Su gobierno podrá imitar al inglés; con la diferencia de que en lugar de un rey habrá un poder ejecutivo electivo, cuando más vitalicio,
y jamás hereditario si se quiere república; una cámara o senado legislativo hereditario, que en las tempestades políticas se interponga entre las olas populares y los rayos del gobierno, y un cuerpo legislativo de libre elección, sin otras restricciones que las de la Cámara Baja de Inglaterra. Esta constitución participará de todas formas, y yo deseo que no participe de todos los vicios. Como esta es mi patria, tengo un derecho incontestable para desearla lo que en mi opinión es mejor. Es muy posible que la Nueva Granada no convenga en el reconocimiento de un gobierno central, porque es en extremo adicta a la federación; entonces formará por sí sola un Estado que, si subsiste, podrá ser muy
dichoso por sus grandes recursos de todos géneros.
Poco sabemos de las opiniones que prevalecen en Buenos Aires, Chile y Perú; juzgando por lo que se trasluce y por las apariencias, en Buenos Aires habrá un gobierno central en que los militares se lleven la primacía por consecuencia de sus divisiones intestinas y guerras externas. Esta constitución degenerará necesariamente en una oligarquía o una monocracia, con más o menos restricciones, y cuya denominación nadie puede adivinar. Sería doloroso que tal cosa sucediese, porque aquellos habitantes son acreedores a la más espléndida gloria.
El reino de Chile está llamado por la naturaleza de su situación, por las costumbres inocentes y virtuosas de sus moradores, por el ejemplo de sus vecinos, los fieros republicanos del Arauco, a gozar de las bendiciones que derraman las justas y dulces leyes de una república.
Si alguna permanece largo tiempo en América, me inclino a pensar que será la chilena. Jamás se ha extinguido allí el espíritu de libertad; los vicios de la Europa y del Asia llegarán tarde o nunca a corromper las costumbres de aquel extremo del universo. Su territorio es limitado; estará siempre fuera del contacto inficionado del resto de los hombres; no alterará sus leyes, usos y prácticas; preservará su uniformidad en opiniones políticas y religiosas; en una palabra, Chile puede ser libre.
El Perú, por el contrario, encierra dos elementos enemigos de todo régimen justo y liberal: oro y esclavos. El primero lo corrompe todo; el segundo está corrompido por sí mismo. El alma de un siervo rara vez alcanza a apreciar la sana libertad; se enfurece en los tumultos, o se humilla en las cadenas. Aunque estas reglas serían aplicables a toda la América, creo que con más justicia las merece Lima por los conceptos que he expuesto y por la cooperación que ha prestado a sus señores
contra sus propios hermanos, los ilustres hijos de Quito, Chile y Buenos Aires. Es constante que el que aspira a obtener la libertad, a lo menos lo intenta. Supongo que en Lima no tolerarán los ricos la democracia, ni los esclavos y pardos libertos la aristocracia; los primeros preferirán la tiranía de uno solo, por no padecer las persecuciones tumultarias y por establecer un orden siquiera pacífico. Mucho hará si concibe recordar su independencia.

Fuente: CARTA DE JAMAICA
SIMÓN BOLÍVAR
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